
Recientemente tuve la oportunidad de asistir a la Jornada de Trabajo de la Red de Cátedras de Empresa Familiar, dedicada a la presentación del informe “Supervivencia y gobernanza”, elaborado por Ángel Meroño Cerdán y Vicente Sabater Sempere.
La sesión fue inaugurada por José Luis Blanco, director general ejecutivo del Instituto de la Empresa Familiar, y contó con la participación de representantes académicos como Guillermo Pérez‑Bustamante, Laura Guitart Tarrés y Tomás Bañegil.
Durante la jornada también tuve ocasión de conversar personalmente con Manuel Barbadillo, lo que enriqueció aún más la experiencia.
Fueron entrevistados tres representantes de empresas familiares centenarias: Ricardo Cabeza (Grupo El Gaitero), Juan Ignacio de Mesa Ruiz (Mazapán Santo Tomé) y Manuel Barbadillo (Bodegas Barbadillo).
La gobernanza como eje de continuidad
Las empresas familiares no suelen desaparecer por falta de negocio, sino por falta de estructura, comunicación o reglas claras.
La gobernanza permite ordenar la relación entre familia, propiedad y gestión, anticipar conflictos y facilitar la toma de decisiones a largo plazo.
Las historias compartidas durante la jornada muestran cómo la gobernanza se convierte en una ventaja competitiva cuando se trabaja de forma consciente y sostenida en el tiempo.
El Gaitero: del conflicto al aprendizaje
Ricardo Cabeza explicó que el protocolo familiar del Grupo El Gaitero nació tras un conflicto en la tercera generación. Lejos de ser un obstáculo, esa situación impulsó a la familia a definir reglas claras que hoy les permiten estar en la quinta generación.
Entre las prácticas de gobernanza de la compañía que destacó se encuentran:
- Consejo de Administración con miembros familiares y un consejero independiente.
- Consejo de Familia con representación de todas las ramas familiares.
- Reuniones periódicas que fomentan la comunicación y la cohesión.
- Definición de perfiles profesionales para la selección del director general.
Destacó que mantener a la familia informada sobre criterios de contratación y decisiones estratégicas fortalece el sentimiento de pertenencia y reduce tensiones futuras.
Santo Tomé: cada generación aporta valor
Juan Ignacio de Mesa Ruiz compartió la evolución de Mazapán Santo Tomé, empresa fundada en 1856 y actualmente en séptima generación. Su experiencia refleja cómo la continuidad requiere adaptación constante.
El paso, en esta generación, a una estructura accionarial más concentrada se acompañó de la elaboración de un Protocolo de Empresa Familiar. Estas herramientas han permitido preservar la propiedad familiar y facilitar la sucesión generacional.
La idea central fue clara: cada generación debe aportar nuevas líneas para la empresa y para la familia. La sucesión no es solo continuidad; es también renovación.
Barbadillo: cohesión familiar sin consejo de familia formal
Manuel Barbadillo explicó que su empresa no cuenta con protocolo familiar ni consejo de familia, pero sí con estatutos y pactos de accionistas muy desarrollados.
El Consejo de Administración está formado por familiares de todas las ramas y no ejercen funciones directivas, lo que refuerza la separación entre propiedad y gestión. Además están informados y comparten las decisiones.
La creación de grupos de trabajo con la séptima generación busca implicar a los futuros accionistas desde etapas tempranas cuidando la cohesión familiar en torno al negocio.
Cinco claves que facilitan la continuidad
Los tres entrevistados coincidieron en las siguientes claves:
- Anticipación. Las decisiones que se toman hoy protegen el futuro de la empresa.
- Estructuras de gobernanza sólidas. Separar familia, propiedad y gestión fortalece el proyecto.
- Comunicación constante. La información reduce conflictos y genera compromiso.
- Implicación de las nuevas generaciones. La continuidad requiere preparación.
- Cohesión familiar. La cohesión no surge de forma espontánea: se construye con intención, diálogo y espacios de participación.
Compartiendo mis conclusiones
Escuchar a empresas que han alcanzado la quinta, sexta o séptima generación permite entender que la longevidad no es casualidad. Es el resultado de decisiones conscientes, estructuras sólidas y conversaciones difíciles mantenidas a tiempo.
La gobernanza no evita los conflictos, pero sí evita que los conflictos destruyan la empresa. Porque, en última instancia, muchas empresas familiares no desaparecen por falta de mercado, sino por falta de acuerdos.
La gobernanza bien definida es clave para la supervivencia.



